martes, 28 de abril de 2015

La noche

Y es en la fresca y fría noche cuando me siento único, cuando realmente mi cuerpo no se siente con la carga de aguantar las tempestades diarias y puede reposar, tranquilo, durmiente y pensativo. Es cuando el único peso que tiene que soportar son sus pensamientos.
Es en la noche cuando los insectos paranormales del día, salen como embrujados de sus oscuras guaridas a buscar algo que puedan llevarse a su reino; un trozo de pan, un pedazo de fruta o meramente unos trozos de verde hierba que puedan sustentar su pequeño y frágil cuerpo. La noche ofrece el camuflaje que estos dignos seres necesitan para que los gigantes vacíos no los arrasen como atroz ventolera.
Es en la noche cuando las hadas y los lóbregos duendes se manifiestan en mil y un colores diferentes, expresando su afán por el silencio, la tranquilidad que proporcionan los árboles dormidos y el suelo confortable y el amor que sienten por todo aquello que les deja vivir en sus marginadas guaridas, aunque en la oscuridad.
Es en la noche cuando me siento yo, cuando me siento un ánima libre que vaga por las almas de los seres vivos taciturnos que, alimentados por la luz lunar, se divierten libres por entre los campos o calles, sintiéndose los amos del mundo, jefes de aquello que durante unas horas es suyo y que cuando vuelve a aparecer magno astro, les devuelve a la cruda realidad de su exclusión.
Es en la noche cuando las tímidas estrellas aparecen, ofreciendo un concierto de colores vivos que ofrecen la posibilidad de pensar más allá de lo que te rodea, que allí arriba, donde revolotean esas vagas estrellas y los hombres tenemos cesada la entrada, por miedo a que les haremos, existe algo inimaginable y fríamente ignoramos.
Es en la noche cuando me doy cuenta de que la gente que duerme por el día, también duerme por la noche, de que la gente vacía, se rellena con humor por la noche para expulsar su verborrea diaria con energía y entusiasmo.
Es en la noche cuando mejor se puede observar al mundo. La ciudad húmeda ofrece una imagen de arrolladora tranquilidad, mera apariencia, y todo el mundo permanece en el irónico y contundente veneno del sueño, que adormece tu acción y excita a tu pensamiento, sin dotar de la visión realista de tu alrededor.
Es en la noche cuando esbozo mi sonrisa sardónica y me siento solo. Solo por ser el único que disfruta de grandioso manjar, el cual disfruto , y puedo percatarme de los males que azotan a mi cuerpo; el estrés, el amor, la rutina... en la noche no existe nada, existe la oscuridad y la oscuridad a su vez lo es todo. En la noche se vive todo, con nada y ahí el problema es caer en la enfermedad del sueño...
Y es en la noche cuando no tengo que dormir, si no que volar. Volar entre los mil y un pensamientos que emergen de mi mente dormida y expulsan ruidosas contradicciones que me obligan a debatirme entre el ser y no ser, entre la existencia y la nada, entre la luz y la oscuridad, entre el día y la noche...

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