Y es en la fresca y
fría noche cuando me siento único, cuando realmente mi cuerpo no se
siente con la carga de aguantar las tempestades diarias y puede
reposar, tranquilo, durmiente y pensativo. Es cuando el único peso
que tiene que soportar son sus pensamientos.
Es en la noche
cuando los insectos paranormales del día, salen como embrujados de
sus oscuras guaridas a buscar algo que puedan llevarse a su reino; un
trozo de pan, un pedazo de fruta o meramente unos trozos de verde
hierba que puedan sustentar su pequeño y frágil cuerpo. La noche
ofrece el camuflaje que estos dignos seres necesitan para que los
gigantes vacíos no los arrasen como atroz ventolera.
Es en la noche
cuando las hadas y los lóbregos duendes se manifiestan en mil y un
colores diferentes, expresando su afán por el silencio, la
tranquilidad que proporcionan los árboles dormidos y el suelo
confortable y el amor que sienten por todo aquello que les deja vivir
en sus marginadas guaridas, aunque en la oscuridad.
Es en la noche
cuando me siento yo, cuando me siento un ánima libre que vaga por
las almas de los seres vivos taciturnos que, alimentados por la luz
lunar, se divierten libres por entre los campos o calles, sintiéndose los
amos del mundo, jefes de aquello que durante unas horas es suyo y que
cuando vuelve a aparecer magno astro, les devuelve a la cruda
realidad de su exclusión.
Es en la noche
cuando las tímidas estrellas aparecen, ofreciendo un concierto de
colores vivos que ofrecen la posibilidad de pensar más allá de lo
que te rodea, que allí arriba, donde revolotean esas vagas
estrellas y los hombres tenemos cesada la entrada, por miedo a que
les haremos, existe algo inimaginable y fríamente ignoramos.
Es en la noche
cuando me doy cuenta de que la gente que duerme por el día, también
duerme por la noche, de que la gente vacía, se rellena con humor por
la noche para expulsar su verborrea diaria con energía y entusiasmo.
Es en la noche
cuando mejor se puede observar al mundo. La ciudad húmeda ofrece una
imagen de arrolladora tranquilidad, mera apariencia, y todo el mundo
permanece en el irónico y contundente veneno del sueño, que
adormece tu acción y excita a tu pensamiento, sin dotar de la visión
realista de tu alrededor.
Es en la noche
cuando esbozo mi sonrisa sardónica y me siento solo. Solo por ser el
único que disfruta de grandioso manjar, el cual disfruto , y
puedo percatarme de los males que azotan a mi cuerpo; el estrés, el
amor, la rutina... en la noche no existe nada, existe la oscuridad y
la oscuridad a su vez lo es todo. En la noche se vive todo, con nada y ahí el problema es caer en la enfermedad del sueño...
Y es en la noche
cuando no tengo que dormir, si no que volar. Volar entre los mil y un
pensamientos que emergen de mi mente dormida y expulsan ruidosas
contradicciones que me obligan a debatirme entre el ser y no ser,
entre la existencia y la nada, entre la luz y la oscuridad, entre el
día y la noche...